10 febrero 2014
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Tengo
un cofre especial de afectos, personas que además de seres humanos
especiales, son emporios de talentos para diversas profesiones:
informática, medicina, deportes y televisión, entre otros quehaceres
humanos. Con cada uno aprendo y trato de crecer como profesional. Uno
de ellos es un excelente realizador (no lo nombro porque se queja de que
lo hago con frecuencia), con el que en los últimos años he compartido
decenas de reuniones y también un montón de conversaciones. Cuando
hablamos de televisión, insiste con toda razón en que ni un mago arregla
ese medio, si no se cambia el sistema y concepción para hacerlo. Lo
entiendo, pero creo que él mismo no podría diseñar un sistema que le
satisficiera en su totalidad
La realidad es que en un país sometido
hoy a la urgencia de cambios, y a la vez a una guerra ideológica sin
precedentes, ese medio de difusión no es que deba, es que tiene
que transformarse. ¿Cómo? Se impone el debate entre todos: ejecutivos,
funcionarios del Partido, y creadores, pero que no ocurra por un
Congreso sino como continuidad para alcanzar ese sistema coherente del
que habla mi amigo y no tiene que ver nada con el Canal 41 o Televisa,
al no ser sacar las experiencias de lo que se debe y no se debe hacer.
La televisión cubana
es única en el mundo por la forma de operar y esta característica, un
dolor de cabeza para quienes la hacen y la dirigen, deviene plataforma
para ajustes y posibilidades que no existen en otros países.
Yo tampoco tengo la bola de cristal para
decir que “el sistema debe ser de esta forma”; ahora, sí pienso en
urgencias que tiene la televisión para el hoy. Y creo que si
responsablemente se comienzan a realizar los cambios necesarios, a la
larga se podría llegar a la coherencia de un sistema, que obviamente
sería muy cubano y único.
Todo el mundo sabe que hacer televisión
es muy caro. ¿Puede hoy el Estado Cubano erogar 30, 20, 10 millones de
dólares para subvencionar todos los proyectos que se presentan y además
reconstruir un edificio que necesita una reparación capital? Y si eso
sucediera, ¿están los ejecutivos, más el personal artístico aptos
totalmente para enfrentar una producción nacional con calidad? Para mí,
la respuesta es no tanto a la posibilidad de que destinen los dineros
necesarios como a emprender varios programas con calidad y que sean a la
vez de entretenimiento.
No descubro el agua templada si digo que
hoy proliferan en Cuba, como en otros países, grupos de trabajo que han
realizado documentales y filmes de una manera totalmente autónoma, para
no decir independiente. Todavía no existe la figura jurídica que ampare
a esos realizadores, en su mayoría jóvenes egresados de nuestras
escuelas y capacitados para el arte audiovisual.
Si en el proceso de cambio trazado en
los Lineamientos Económicos del Partido se han reconocido trabajos de
diversas índoles y ya proliferan las cooperativas no agropecuarias, ¿por
qué no se acaba de resolver este embrollo legal que sólo atrasa un
movimiento indetenible en Cuba porque con una cámara, una computadora
adecuada y mucho talento se puede hacer un excelente filme?
Pensemos que resuelto este problema llega otro: el ICRT
debe tener la facultad legal y financiera para comprar aquellas obras
que cumplan los requisitos de transmisión para una televisión pública,
que como tal en ningún país puede difundir lo que le da la gana, sino
que está sujeta a reglas.
Pero la televisión podría también hacer
el proceso al revés: contratar a un grupo de creadores para que realicen
un teledrama, un cuento, programas habituales, infantiles (que bien
deficientes están), o una serie de ficción, previa concertación de ver
el guión y acordar el precio que pagaría. ¿Se imaginan cuánto se
ahorraría el ICRT, que hoy alquila a particulares hasta luces porque no tiene?
Pienso, además, que existe otra manera
no sólo de ahorrar sino de ingresar algunos pesitos. En una conversación
con Alejandro Lugo, un montón de años atrás, me contó cómo tuvo que
pagar para publicar una primera entrevista que le hicieron. No estoy
proponiendo ese proceder sino que los spot de anuncios de aniversarios,
exposiciones, conciertos, o de organismos… esos interesados lo podrían
pagar. Pero ¡cuidado!, habría siempre una zona protegida del arte, la
ciencia, el deporte… Si la presentación es de una orquesta nacional e
internacionalmente reconocida, con sólidos ingresos financieros (todo el
mundo sabe quién es quién) pagaría, pero si se trata de un buen grupo
que recién empieza, habría que jerarquizarlo sin exigirle pago alguno. O
si es de interés de la televisión presentar, por ejemplo, a Los Van Van,
no se les cobraría nada, por algo ellos son “el tren de la salsa”. Las
disqueras deberían abonar por la transmisión de videos clip al margen de
lo que le paguen a los realizadores. Sé que esto que propongo se puede
prestar al “trapicheo” por no decir corrupción, pero… No tengo pruebas,
más por una vía u otra me han dicho personas que trabajan en la TV o la
radio, que no son pocos los intérpretes que le pagan al director/a o
presentador/a para estar en un programa. Siempre que he escuchado tales
afirmaciones, he pedido nombres y nunca me los han dado, así que quizás
todo sea especulación, aunque se dice que cuando el rio suena…
Bueno, si ya tenemos la forma de hacer
variados y buenos programas, ¿por dónde se transmiten? Aquí comienza
otra batalla. Aplaudo la decisión del funcionamiento de la TV por
canales que se identifiquen por sus contenidos. Empiezo por “el canal de
la familia cubana” (eslogan que no comparto porque un buen juego de
pelota, ¿es o no para la familia cubana?), me refiero a Cubavisión,
el que tiene la mayor nitidez y alcance; por tanto, ahí tienen que
estar los mejores espacios de la TV, sin pretender que sea un ladrillo.
¡¡¡Dios me libre!!! Estoy consciente que el entretenimiento es un
fuerte ingrediente de la pequeña pantalla, pero ¿quién no ríe con Vivir del cuento? ¿Y acaso no es un espacio bien hecho desde cada palabra del guión hasta los créditos? Propuestas como Sitio del arte
con un reconocimiento evidente de los profesionales, una factura
diferente al resto de los programas informativos, y unos contenidos
insertos en problemas peliagudos de la sociedad cubana, se merece estar
en ese canal, y también que tenga la promoción adecuada.
Los dramatizados es obvio que se deben incluir en Cubavisión,
pero hay que mejorar esas entregas porque ya se ha demostrado que, con
pocos recursos, en Cuba se pueden hacer series y teledramas de muy buena
calidad. Actualmente, por desgracia no abundan.
Los mejores programas musicales también
deben tener su pedazo en el “canal guía”, así como algunos de
orientación o de crítica, que pueden contribuir a la elevación de la
cultura de los televidentes. De tarde en casa es una revista que merece horario y señal preferencial.
Ahora bien, no todo puede estar en el
canal Seis; es cierto, entonces lo que aparece en el Educativo,
Multivisión, Telerebelde y Educativo Dos, y es bueno, amerita una
promoción mayor que lo insertado en Cubavisión.
Por ejemplo hace poco en el Espectador crítico, un excelente programa, con guión y conducción de Magda Resik y al que siempre asiste un profesional especializado en el tema del filme, se proyectó la cinta Renoir; y me enteré porque los sábados tengo la costumbre de la oferta en ese programa, porque las películas sabatinas de Cubavisión,
a pesar los cambios (más cine francés, chino…), no me convencen
generalmente. El espectador no es ni beneficiado ni orientado
suficientemente por la promoción.
Otro programa, De cierta manera,
con guión y conducción de Luciano Castillo, un verdadero manjar para los
amantes del cine cubano, que es más una revista que la proyección de un
filme, necesita una promoción a la altura de la calidad de una entrega
en la que entretenimiento y arte caminan de la mano. Si se quiere
promover la llamada música culta, ¡Bravo! exige spot y anuncios más atractivos.
En fin, ¿qué yo haría con los dos
canales educativos? El número Dos se lo dejaría las 24 horas a Telesur, y
en el Uno colocaría espacios que deben tener una promoción acorde con
la calidad y el interés de promoverlos.
Con razón se pide un canal musical por
la riqueza del género en Cuba. Pero si eso se hace en el Educativo,
¿dónde se colocarían sus programas atractivos? Haría de Multivisión un
canal con transmisiones musicales la mitad del tiempo, y el resto lo
dedicaría a documentales científicos, programas utilitarios, infantiles,
espacios de cine u otros que sean una buena opción para el televidente.
Dedicar Telerebelde a los deportes es
una necesidad, incluso cuando se trata de aquellos que no son
practicados ni muy conocidos en Cuba; pero este canal puede y debe tener
franjas para revistas informativas.
Y ahora se enreda un poco el paquete de
proposiciones o ideas… ¿Por qué el sistema informativo de la televisión
es independiente de los canales? Si se le quiere dar personalidad propia
a cada señal, no puede ser que exista una dirección ajena y superior
al propio canal.
¿Por qué no crear un Noticiero Nacional
de Televisión que pertenezca a Telerebelde y que se transmita en cadena?
¿Por qué las revistas y los espacios informativos no pueden pertenecer
al canal que los transmite? ¿Se atomizaría la dirección informativa?
Depende de cómo se haga. Igual que existe una vicepresidencia para
contenidos que debe velar por la calidad de la programación, podría
existir una dirección informativa, subordinada al presidente del ICRT,
que oriente, planifique y exija el cumplimiento de los objetivos de la
conferencia del Partido acerca de cómo se refleja Cuba y el mundo en
nuestra prensa.
Espero que los debates del séptimo congreso de la UPEC
permitan utilizar de verdad las potencialidades de la TV en esta área. A
ese medio, con la celeridad necesaria deben ir las noticias más
importantes, aunque a veces molesten al espectador porque está viendo
una película —ocurrió en la reciente cumbre de la CELAC, con la
transmisión en vivo de la llegada de presidentes latinoamericanos.
Existe un grupo de periodistas y
realizadores que creen desacertado desmontar la estructura del sistema
informativo para entregarla a la dirección de los canales, bajo una
supervisión general, pero si esa es la mejor estructura —la actual—,
entonces es absurdo que exista una dirección de la TV que no se
responsabiliza ni pueda adoptar decisiones sobre la esfera de la
noticia. ¿Acaso reportajes, crónicas, documentales, noticieros no son
televisión?
Otro tema que merece ensayos críticos es
la programación infantil. Cada vez se impone más una producción
dirigida a adolescentes, niñas y niños, que increíblemente es el grupo
etario que debe tener atención privilegiada, porque ellos serán los
cubanos y cubanas que dirigirán al país en un futuro no muy lejano.
Opino que para cambiar la televisión y
que llegue a ser un sistema, como reclama mi amigo, se impone la
existencia de ejecutivos ante todo cultos, que sepan dialogar y que
reciban una remuneración acorde a sus funciones, porque ellos tampoco
viven del aire. Y si se quiere que los creadores ocupen cargos de
dirección, hay que pagarles quizás no tanto como cuando ellos filman,
pero una buena cantidad sí.
Y hasta aquí, ya seguiré en otro texto…
Esta es mi opinión, hay diez millones 999 más. Cada nacido en esta isla
tiene su televisión ideal. Lo que sucede es que el poder de ese medio es
tan grande, que cada minuto en pantalla debe tener la intención de
hacer crecer cultural y humanamente al televidente.
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